Sin duda
alguna, entre otras conquistas, Alfaro alcanza la reivindicación definitiva de
los derechos de la mujer, que hasta esa época había sido considerada como un ser
inferior, apta únicamente para los menesteres domésticos.
Alfaro
libertó a la mujer y le dio toda posibilidad para estudiar y acceder a la
administración pública. Exigió que la sociedad la respete y la reconozca el
derecho de vivir en igualdad de condiciones con el hombre.
Desde esa
gesta libertaria, la mujer es considerada como símbolo de la dignidad, con los
mismos derechos que el hombre, para alcanzar su plena realización y conquistar
sus sueños.
El sentido
de solidaridad humana y respeto que puso Eloy Alfaro en favor de la mujer no
tiene parangón en la Historia de la República. Eso no se volverá a repetir
jamás; Alfaro dignificó a la mujer sacándole de las garras de la sumisión y la
barbarie con que fue tratada en otros tiempos, antes de su advenimiento. El
constituye un rayo de luz en la noche obscura del trato social de la mujer en
el Ecuador, durante la República y en épocas pasadas. Es el faro luminoso con
que la Revolución Ecuatoriana alumbrará a la mujer hasta el confín de los
siglos.
Lamentablemente,
la mujer ecuatoriana aún desconoce el valor histórico, político y social del
ideal Alfarista y por eso en el pasado, ni en el momento actual con que se han
cumplido cien años de esta gran revolución ecuatoriana , no han rendido el
homenaje de admiración, respeto y gratitud, en el altar de la Patria, a su
Libertador. Un monumento de oro sería poco para pagar el tributo que se merece
este prohombre de la Patria.
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